Siete/Set/Seven/Sept/Sieben

Pues eso, 7 meses.

 

Empieza la temporada de madrugones, de volver a darlo todo, de controlar absolutamente cada paso, gesto, comida. Porque todo suma y todo resta. En definitiva, todo, absolutamente todo, cuenta.

 

¿Me acompañáis en el camino, de nuevo?

 

#maratoniana

 

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Reto superado: ¡¡soy maratoniana!!

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Empiezo por el final. Sí, soy maratoniana. Superé el reto. ¿Felicidad? Mucha, y para muestra un botón.

Distancia: 42,195 km. Tiempo: 3:49:48.

¿Fin? No, os cuento el fin de semana maratoniano, que tuvo de todo.

Al salir de trabajar el viernes, fui directa a la expo del corredor. Tocaba recoger dorsal, bolsa del corredor y dar un paseo. Se sentía emoción en el ambiente, o al menos, yo la sentía. ¿El resto del viernes? Poca cosa, me salté inglés y aproveche para descansar y poco más. Bueno, un sustazo de última hora.

Viernes 13 de noviembre, 8.30pm: momento Cañizares. Recogiendo en la cocina, se me resbala el bote de café soluble y lo paro con… el empeine del pie derecho. Golpe seco, algo de dolor y, de la nada, un huevo. Sí, tal cual, un huevo en el pie. Histeria, lágrimas y le escribo a Rubén «creo que la acabo de liar». Me recomienda hielo, antiinflamatorio y no hacer nada hasta el domingo. En mi cabeza sólo una cosa «si no puedo correr el domingo, me da algo».

8.50pm: me llama Pedro, el capi. Habíamos quedado a esa hora para analizar y ultimar la estrategia de carrera. Aun con las lágrimas pegadas, nos pasamos 20 mins (yo lápiz, papel, plano del maratón en mano y hielo en el pie) hablando de geles, alimentación, sales… Prefiero no decirle nada para no preocuparlo. De hecho, sólo lo sabían Rubén y Nacho.

Sábado 14: despierto con el horror de los sucedido en París y montones de mensajes en los grupos de whatsapp «¿cancelarán el maratón?». Me acuerdo de mi pie, lo palpo. Hinchado y duele. «Ge-nial». La mañana transcurre como la de todos los sábados: un par de lavadoras, limpiar en casa, ir a comprar y… salir a rodar 4 kms, de forma muuy suave, para soltar y de paso probar el pie. Fue bien y de hecho hacía meses que no corría tan poquito. Mientras acabo de preparar la comida hablo con Rubén. Me pregunta por el pie, y hablamos de estrategia de carrera. Mismas palabras que el capi. Sobretodo: cabeza. Y disfrutar.

¿La tarde? De reposo, en casa, pero un whatsapp de Juan (@obajuan): «¿cómo que no salimos en el mismo cajón? Anda ves y que te lo cambien». Así que, me paseé de nuevo hasta la expo del corredor, conocí en persona a Joel, que me acompañó hasta incidencias, a por la estrellita azul que me permitiría ubicarme en el cajón azul, saliendo al final de la primera tanda. pero… ¡¡sorpresa!! Eso que vas andando por la expo y, de repente, «¿no es ese Chema, Chemita Martínez?». Sí, lo era, así que esperamos pacientemente a que dejara de hablar por teléfono para saludarlo y echarnos una fotillo:

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 He de decir que, con pelo, está mucho mejor. Jejeje.

¿Por dónde iba yo? Ah, sí, buscando una estrellita azul. La consigo y me vuelvo a casita, a descansar. Pie en alto y no pensar.

20:30. «Uys, debería prepararme todo». Saco la ropa, reviso los botellines de agua, el cinturón Lurbel, el Garmin ya estaba al 100% de carga, reviso el mp3 con la lista de música, geles, sales, pañuelos… Si Gollum hubiera tenido que adivinar qué llevaba en los bolsillos el día del maratón, se hubiese tirado la vida para adivinarlo todo (guiño a el Hobbit, sorry, vena freak).

Es hora de preparar la cena: algo más de arroz, pechuga de pollo y tomatito. Pero se me ha hecho un nudo en el estómago. Estoy muy nerviosa. Quedan menos de 12 horas y… no quiero. No soy capaz. Me da un ataque de nervios y me hecho a llorar (sí, soy una llorona). Después de ese ataque, terminar de cenar, digestión y en la cama a las 11pm. El despertador sonará temprano.

Domingo Maratón, 5:45: llevo un rato en pie, no he necesitado el despertador. Reviso de nuevo todo y desayuno con calma, digiriendo bien, acompañándolo de un omeprazol (para evitar sustos intestinales a mitad carrera). Hay quien no entiende mis desayunos pre-carrera (leche/papilla de bebé con muesli, tostada con loncha de pavo y un café). Está bueno…

He quedado, para fotos varias, de 8am en adelante, así que apuro al máximo el tiempo y salgo de casa. Salgo de casa… sin auriculares. Ge-nial. Yo, que hasta medio maratón podría correr sin música, me veo incapaz de correr los 42 entre mis pensamientos. Whatsapp al grupo «soy tonta, me dejé los auriculares». Al final, Eli (de Benidorm) me los deja.

Visita a guardarropía, saludos a equipo, foto, foto de #SanusGirls. Mis chicas Sanus no corrían el maratón, pero sí el 10k en paralelo. También lo hicieron Rubén, Joana, y muchos más.

8:30 y me subo por las paredes (que no hay). Del Sanus, Jose, Luis, Álvaro y yo salimos en el mismo cajón naranjita, aunque con mi estrellita intentaré adelantarme al azul, he quedado así con Juan. Pero no hay forma. Finalmente, salgo desde el naranja a las 9:06.

Maratón

¿Qué queréis que os cuente? Pedazo de carrera. En dos palabras que decía aquél… «im-presionante».

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La idea era salir y hacer los primeros 12/15km a un ritmo de entre 4:55-5/km. Salgo algo más lenta (muchíiiisima gente), pero en el km 2 ya me sitúo al ritmo esperado (un poco más bajo incluso).

La sensación al correr por la ciudad es brutal. La gente está en la calle. Son las 9 de la mañana de un domingo y, aparte de los locos que corremos, hay muchísimas personas animando. Niños, jóvenes, adultos, ancianos… Buah, es brutal.

Los kilómetros van pasando y voy buscando a Juan. No le he visto en la salida al final, y me temo que ya será imposible, así que, avanzo sola metro a metro. Sola no en realidad, hay 16.000 locos más, pero corro como siempre, a mi rollo, con mi música (hice una petición a mi equipo, que me dijeran canciones para escuchar durante esas horas y recordar que estaban ahí animando).

Km.10 y pienso «mira, los de la 10k acabarían ya, y me quedan aún 32, una tirada larga más». De hecho, el me levanté por la mañana y me vino la inspiración:

Captura

Seguían pasando los kms y la ciudad bajo nuestros pies. Caras conocidas de los entrenes por el río (runners desconocidos pero «conocidos»), de otras carreras, etc…

La animación en la calle era alucinante. ¿Lo mejor? Los niños. Sí, los niños. Con sus manitas. ¿Qué queréis que os diga? Yo iba a disfrutar con mi primer maratón, a terminarlo y vivir esa experiencia y para hacerlo, pues sí. Soy de las que si puede, les choca las manitas a los peques, les agradece y les sonríe de oreja a oreja. ¿Sabéis lo que cuesta que un nano se quede horas en pie en la calle? Pues eso… Hay que saber agradecer.

Campo del Levante, Viveros, de nuevo Blasco… encaramos el medio maratón y voy fresca, muy fresca. Los avituallamientos van yendo bien, haciendo caso a la estrategia acordada, y el ritmo lo voy manteniendo. Cruzo el mediomaratón en 1:45 bajo. No está nada mal. Seguimos sumando kms…

Encarando el centro de la ciudad, pasando por el Ayuntamiento, de repente, y a pesar de llevar los cascos, oigo mi nombre. Me giro y les veo. Mi primo Pablo (el de las 15k nocturna), su mujer Lucía y Álvaro, un amigo. Animando, gritando. Mi primo, móvil en mano, echa a correr en paralelo mientras graba. 25 metros geniales. ¡¡Graaacias Pablito!! Qué ilusión verte allí 😉

Directos al 30, paso a escasos 100metros de la residencia de mi abuela. «Va por ti yaya». Por ella y por todos los demás.

Hasta aquí ha sido todo genial, ¿verdad? Iba disfrutando, me reía, mantenía el ritmo… Hasta que de pronto: no, el muro no. No lo vi, no lo construí en mi mente. Simplemente, calambrazos en los cuádriceps. Y vaya calambrazos.

Desde el 34, sufriendo. Arrastrándome por momentos, el mp3 dijo «te quedas sola». Justo en el peor tramo. Eran los kms del recorrido que más temía, por varias razones: largas rectas y algo alejadas del centro (con lo que esperaba poca animación). Justo aquí, el desastre. Me paro un segundo a estirar los cuádriceps, y se me suben los gemelos. «Ayyys que no acabo».

¡JA! ¿Que no acabo? ¿Que yo no acabo? Eso tendrá que verse.

Ahorro el descalabro de los últimos 8kms. Dolor, correr, caminar. El ritmo baja. No baja, se desploma. Sin embargo, poco antes del 38 veo una espalda conocida. ¡¡¡Es Juan!!! Lo llevo buscando desde las 8:50am, y me lo encuentro delante delante de la ONCE, en la horquilla del túnel de Germanías, roto. Se ha roto también.

Le grito. Se gira, me ve y le digo «los dos juntos». A partir de aquí, quedan 4 kms de gritarle, animarle «que no te paras, Juan, como te vea andar, luego te enteras». El resto de corredores me miraba cual loca. Sí, salió el modo agresivo… Lo siento Juanito, sabes que no iba a malas.

Calle Colón y me muero de sed. Me falta agua. He fulminado mis reservas de agua y no tengo más avituallamientos hasta casi la meta. Voy pidiendo agua entre el público, corredores… Me prestan unos sorbitos que me dan vida. Sigo medio andando-arrastrándome, medio corriendo. «Tengo que llegar. No he llegado hasta aquí hoy para irme en el 40».

Poco antes de la bajada a la Ciudad de las Artes, oigo la voz de Joxe a lo lejos. Bien… una cara «conocida». Paso a su lado, le choco la mano y le susuro «no llego».

Ya está ahí. Veo casi, casi el final. Bajo la rampa, mucha gente animando, ambiente festivo, música, gente gritando… De repente, los veo. Rubén, Elena y Joana. A la derecha. «No queda ya nada» me dicen. Sigo, lo tengo casi. No oigo nada, mucho ruido, pero algo me hace girarme a la izquierda. Y ahí está Nacho «vamos, que tú puedes». Graacias.

Último empujón, 250 metros. Curva a la derecha (que hago medio caminando) y… alfombra azul. Me vengo arriba.

Corro, siento las tablas bajo mis pies, sprinto… y llego. HE ACABADO MI PRIMER MARATÓN, y ME LO HE PASADO EN GRANDE.

No sé si reir, llorar, gritar… Pero algo en mi cabeza se queda grabado «yo quiero repetir esto». En meta, Pablo y Álvaro. Abrazo de «merinillos» y un reto «un día, juntos».

Tras varias semanas, aún no me lo creo… ¡¡Soy maratoniana!! ¡¡Y quiero repetir!! Porque sí, disfruté, sufrí, me reí, lloré… Me lo habían advertido: o no quieres nunca más, o te encanta y repites. Soy de la segunda opción.

Toca agradecer a tanta gente este logro. Porque yo he corrido el maratón, pero todos ellos han estado ahí, de una forma u otra, ayudando, animando, cuidando…

Familia, sis, mamá, papá, Pablito…

Sanus Team, en especial Pedro y Rubén y, como no, mis #SanusGirls

Nacho, por creer en mi capacidad y animarme en la locura

Mis chicas de Fisio2, por su puesta a punto

Juanito y el resto de instagrammeros

A los que me leéis aquí. Pepe, Patricia, Ximo, Ángel…

Y tantos, tantos otros..

A la gente que se volcó con la ciudad, a la organización, los voluntarios, los runneros des-conocidos de los entrenes mañaneros…

GRACIAS A TODOS.

Os dejo una galería con las fotos del finde (mención especial a los fotógrafos Fede Gómez, con su galería para @Runnerforyou, a Hastphoto, a Fotos Eventos Valencia, a Marathon Photo y otros que no recuerdo, graaacias)

 

#LiveSanus

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Marathon Mode (II)

Hace casi 3 meses que publiqué la primera parte, y con todos los cambios posteriores… Me quedé ahí.

La verdad, tampoco tenía mucho que escribir, acababa de empezar la parte específica de camino al maratón, y tenía muchas dudas…

¿Iba a poder con 42kms y un pico? ¿Por qué narices me había metido en esto? ¿Y las famosas tiradas largas? Viendo planes, «debería» haber empezado ya con ellas…

Con todo esto, le escribí a Rubén y ya os lo conté en septiembre su respuesta frente a la TL.

Como os comentaba allí, en el camino al maratón, hay que entrenar duro. Bueno, hay que entrenar, como para cualquier otra distancia. La peculiaridad de los entrenamientos para el maratón son las tiradas largas (TL), amigas o enemigas de los corredores.

He hecho unas cuantas, quizá un par más de las que el míster me dijo, y unas cuantas menos de las vistas por internet.

He descubierto una cosa. Me encantan las TL. Correr non stop a un ritmo constante y echar kilómetros. ¿Masoca? ¿Pirada? Puede…

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Las he disfrutado muchísimo, tanto yendo acompañada como cuando me he desayunado la burrada de kms yo sola. El capi me acompañó en las dos primeras (20 y 16), luego yo me comí dos tiradas de 28 y 26 y la última que he hecho, de 30k, la hice con Juan.

Para las TL, prefiero elegir una ruta que no implique tener que dar muchas vueltas al recorrido. Eso, corriendo, me aburre. He preferido tirar largo (valga la redundancia) y disfrutar del paisaje (algunos mejores que otros) que no meterme en el cauce del río Turia y empezar a recorrerlo arriba y abajo 4 veces.

Han sido salidas de controlar pulsaciones, con más o menos éxito, de probar geles e ingestas de agua a lo largo del recorrido, de verme bajo lluvia, aire, sol y calor…

Pero han sido, sobretodo aquellas que he realizado sola, momentos de no pensar, de alejarlo todo, de perderte en medio de la naturaleza, de ir a Dios de nuevo. Creo que por eso me han gustado tanto. ¿Correr dos horas y media y decir «qué rápido ha pasado el tiempo»? Sí… ¿Y querer más? Crean «adicción» o algo así. Será cosa de todas esas sustancias que genera el cuerpo en este tipo de situaciones.

Estos entrenamientos han servido también para ir buscando ese ritmo maratón que todos buscan, preguntan… ¿Y el mío? Ni idea. ¿Objetivo para el domingo? Disfrutar y terminar el primer maratón de mi vida. Antes de hacer los primeros 26 no sabía si era capaz de llegar hasta ahí.

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Ahora que he hecho ya hasta 30, los 42 los veo posibles, me siento capaz… pero en fin, ya llegará el domingo… Nos quedan 6 días para el día D.

#LiveSanus #maratón