2017 será mejor

Eso espero al menos en el ámbito deportivo, porque en el personal 2016 no ha sido nada malo 😉

Muchos os preguntaréis dónde estoy. Por qué no escribo. Os lo digo. No he escrito en mucho tiempo porque si este blog se llama “Sintiendo el running” es por algo que llevo tiempo sin sentir.

Llevo unos meses de correr sin disfrutar, con esa sensación de “obligación” que no debería darse si el running para mí es algo que me ayuda a desconectar, a disfrutar, a sentirme libre… Os digo más, hace tiempo que no sonrío al correr.

Es cierto que ha sido un año de muchos cambios. Cambio en el trabajo (con muchos viajes de ida y venida), cambio (de nuevo) de piso – con reforma incluida-, lesiones que se fueron encadenando con los meses… Simplemente, cambios. Que son buenos, pero hace que tengas que re-adaptarte a muchas cosas, entre ellas, los entrenamientos.

Porque entrenar, lo que se dice entrenar, este año no lo he hecho muy bien. Sí, he corrido, he hecho ciertos entrenes según el planning del míster, pero otros no. Otros han sido de “uff, vámonos ya que esto no sale”. En definitiva, malas sensaciones. Pero ojo, eso también es “sentir el running”, sólo que la parte fea.

Y aquí estoy, a 10 días del que iba a ser el gran día de este año (único objetivo y con una motivación muy chula para hacerlo), para decir que no. Que el maratón de Valencia 2016 no me tiene ya entre sus corredores.

Ha sido una decisión difícil, muy debatida (conmigo misma, con Nacho, con Juanito) y que me ha dolido mucho tomar. Me he sentido decepcionada (de mí misma) Algunos no estaréis de acuerdo con ella, otros sé que la secundáis y apoyáis. A todos, gracias por estar ahí siempre. Animando, apoyando, empujando hacia adelante. Gracias a todos.

Y ahora entonces, ¿qué? Pues, de momento, no sentir pánico al calzarme las zapatillas. Esto viene del medio maratón de hace 20 días (no hay crónica no; no hubo carrera O.o). Cuando esto deje de pasar, entonces quiero volver a sonreir. A disfrutar. A sentir esa libertad y ese gusto por este deporte que me ha enamorado.

En el calendario, de momento, sólo dos citas. Una, por quitarme el miedo de una vez por todas y por ser solidaria. La otra, porque me apetece empezar 2017 con una carrera que este año ya no corrí (algo se veía venir, no ya en enero, ¿no? ) y que ya he comprometido. Y a largo plazo, repetir una experiencia que, si miro mi 2016 runner, ha sido la única que he disfrutado.

Es muy duro darte cuenta que, de todas las carreras que has corrido este año (que no han sido muchas), sólo has disfrutado en una. Y en 2017 puede que la sensación no se repita, la experiencia va a ser completamente diferente, pero es la tercera cita de mi próximo calendario runner.

¿Voy a dejar de correr? En absoluto. ¿Voy a volver a disfrutar y correr con una sonrisa enorme? Esa es la intención 😀

Porque, como bien dijo hace muy poco un compi de equipo (¿me la prestas, Monllor?):

“Siempre sal a disfrutar. Porque realizar algo que no te hace feliz, carece de todo sentido”

Ah, hay 42195 metros que me deben una revancha. No sé cuándo la tendrán, ni dónde, pero la tendrán, os lo puedo asegurar

Anuncios

Nunca más

Es la última vez que lo hago. Y no, no he vuelto a colarme sin dorsal. Eso ya dije en su día no lo repetía, y no repetiré.

 

Pero tampoco me inscribiré con ganas a una prueba para que en la semana de la misma, las ganas estén en modo vaivén. Quiero. No quiero. Que no me dedico a deshojar margaritas, sino a correr porque disfruto con ello 🙂

 

A lo que iba, que eso, que nunca más me inscribo y luego no corro. Además, no sólo no corrí, sino que vendí el dorsal. No saqué provecho, sólo vendí el dorsal por su precio. Pero… no, ni por esas.

 

No quiero volver a despertarme un día de carrera, a dos calles de zona de paso de la misma, y sentir un “hoy quiero pero ayer no”. La 10k Divina Pastora 2016 ha sido una decepción por mi parte. Me he quedado con las ganas, una carrera brillante, trazado perfecto… y yo en casa.

 

Estoy en un impass. No sé cuál es el objetivo/reto para 2016. Estoy trabajando de ello.

De momento, me he marcado un día, 13 de marzo y una ciudad, Barcelona. Os lo cuento en un post muy cercano.

 

Pero, repito, lo de esta 10k, #nuncamás

 

Felices kilometrillos 😉

Mañana estreno zona de entrene, os lo cuento pronto 🙂

 

Reto superado: ¡¡soy maratoniana!!

12265729_740602222738479_4960850098791087407_o

Empiezo por el final. Sí, soy maratoniana. Superé el reto. ¿Felicidad? Mucha, y para muestra un botón.

Distancia: 42,195 km. Tiempo: 3:49:48.

¿Fin? No, os cuento el fin de semana maratoniano, que tuvo de todo.

Al salir de trabajar el viernes, fui directa a la expo del corredor. Tocaba recoger dorsal, bolsa del corredor y dar un paseo. Se sentía emoción en el ambiente, o al menos, yo la sentía. ¿El resto del viernes? Poca cosa, me salté inglés y aproveche para descansar y poco más. Bueno, un sustazo de última hora.

Viernes 13 de noviembre, 8.30pm: momento Cañizares. Recogiendo en la cocina, se me resbala el bote de café soluble y lo paro con… el empeine del pie derecho. Golpe seco, algo de dolor y, de la nada, un huevo. Sí, tal cual, un huevo en el pie. Histeria, lágrimas y le escribo a Rubén “creo que la acabo de liar”. Me recomienda hielo, antiinflamatorio y no hacer nada hasta el domingo. En mi cabeza sólo una cosa “si no puedo correr el domingo, me da algo”.

8.50pm: me llama Pedro, el capi. Habíamos quedado a esa hora para analizar y ultimar la estrategia de carrera. Aun con las lágrimas pegadas, nos pasamos 20 mins (yo lápiz, papel, plano del maratón en mano y hielo en el pie) hablando de geles, alimentación, sales… Prefiero no decirle nada para no preocuparlo. De hecho, sólo lo sabían Rubén y Nacho.

Sábado 14: despierto con el horror de los sucedido en París y montones de mensajes en los grupos de whatsapp “¿cancelarán el maratón?”. Me acuerdo de mi pie, lo palpo. Hinchado y duele. “Ge-nial”. La mañana transcurre como la de todos los sábados: un par de lavadoras, limpiar en casa, ir a comprar y… salir a rodar 4 kms, de forma muuy suave, para soltar y de paso probar el pie. Fue bien y de hecho hacía meses que no corría tan poquito. Mientras acabo de preparar la comida hablo con Rubén. Me pregunta por el pie, y hablamos de estrategia de carrera. Mismas palabras que el capi. Sobretodo: cabeza. Y disfrutar.

¿La tarde? De reposo, en casa, pero un whatsapp de Juan (@obajuan): “¿cómo que no salimos en el mismo cajón? Anda ves y que te lo cambien”. Así que, me paseé de nuevo hasta la expo del corredor, conocí en persona a Joel, que me acompañó hasta incidencias, a por la estrellita azul que me permitiría ubicarme en el cajón azul, saliendo al final de la primera tanda. pero… ¡¡sorpresa!! Eso que vas andando por la expo y, de repente, “¿no es ese Chema, Chemita Martínez?”. Sí, lo era, así que esperamos pacientemente a que dejara de hablar por teléfono para saludarlo y echarnos una fotillo:

IMG-20151114-WA0013

 He de decir que, con pelo, está mucho mejor. Jejeje.

¿Por dónde iba yo? Ah, sí, buscando una estrellita azul. La consigo y me vuelvo a casita, a descansar. Pie en alto y no pensar.

20:30. “Uys, debería prepararme todo”. Saco la ropa, reviso los botellines de agua, el cinturón Lurbel, el Garmin ya estaba al 100% de carga, reviso el mp3 con la lista de música, geles, sales, pañuelos… Si Gollum hubiera tenido que adivinar qué llevaba en los bolsillos el día del maratón, se hubiese tirado la vida para adivinarlo todo (guiño a el Hobbit, sorry, vena freak).

Es hora de preparar la cena: algo más de arroz, pechuga de pollo y tomatito. Pero se me ha hecho un nudo en el estómago. Estoy muy nerviosa. Quedan menos de 12 horas y… no quiero. No soy capaz. Me da un ataque de nervios y me hecho a llorar (sí, soy una llorona). Después de ese ataque, terminar de cenar, digestión y en la cama a las 11pm. El despertador sonará temprano.

Domingo Maratón, 5:45: llevo un rato en pie, no he necesitado el despertador. Reviso de nuevo todo y desayuno con calma, digiriendo bien, acompañándolo de un omeprazol (para evitar sustos intestinales a mitad carrera). Hay quien no entiende mis desayunos pre-carrera (leche/papilla de bebé con muesli, tostada con loncha de pavo y un café). Está bueno…

He quedado, para fotos varias, de 8am en adelante, así que apuro al máximo el tiempo y salgo de casa. Salgo de casa… sin auriculares. Ge-nial. Yo, que hasta medio maratón podría correr sin música, me veo incapaz de correr los 42 entre mis pensamientos. Whatsapp al grupo “soy tonta, me dejé los auriculares”. Al final, Eli (de Benidorm) me los deja.

Visita a guardarropía, saludos a equipo, foto, foto de #SanusGirls. Mis chicas Sanus no corrían el maratón, pero sí el 10k en paralelo. También lo hicieron Rubén, Joana, y muchos más.

8:30 y me subo por las paredes (que no hay). Del Sanus, Jose, Luis, Álvaro y yo salimos en el mismo cajón naranjita, aunque con mi estrellita intentaré adelantarme al azul, he quedado así con Juan. Pero no hay forma. Finalmente, salgo desde el naranja a las 9:06.

Maratón

¿Qué queréis que os cuente? Pedazo de carrera. En dos palabras que decía aquél… “im-presionante”.

12291842_931346730248566_8297714134747062745_o

La idea era salir y hacer los primeros 12/15km a un ritmo de entre 4:55-5/km. Salgo algo más lenta (muchíiiisima gente), pero en el km 2 ya me sitúo al ritmo esperado (un poco más bajo incluso).

La sensación al correr por la ciudad es brutal. La gente está en la calle. Son las 9 de la mañana de un domingo y, aparte de los locos que corremos, hay muchísimas personas animando. Niños, jóvenes, adultos, ancianos… Buah, es brutal.

Los kilómetros van pasando y voy buscando a Juan. No le he visto en la salida al final, y me temo que ya será imposible, así que, avanzo sola metro a metro. Sola no en realidad, hay 16.000 locos más, pero corro como siempre, a mi rollo, con mi música (hice una petición a mi equipo, que me dijeran canciones para escuchar durante esas horas y recordar que estaban ahí animando).

Km.10 y pienso “mira, los de la 10k acabarían ya, y me quedan aún 32, una tirada larga más”. De hecho, el me levanté por la mañana y me vino la inspiración:

Captura

Seguían pasando los kms y la ciudad bajo nuestros pies. Caras conocidas de los entrenes por el río (runners desconocidos pero “conocidos”), de otras carreras, etc…

La animación en la calle era alucinante. ¿Lo mejor? Los niños. Sí, los niños. Con sus manitas. ¿Qué queréis que os diga? Yo iba a disfrutar con mi primer maratón, a terminarlo y vivir esa experiencia y para hacerlo, pues sí. Soy de las que si puede, les choca las manitas a los peques, les agradece y les sonríe de oreja a oreja. ¿Sabéis lo que cuesta que un nano se quede horas en pie en la calle? Pues eso… Hay que saber agradecer.

Campo del Levante, Viveros, de nuevo Blasco… encaramos el medio maratón y voy fresca, muy fresca. Los avituallamientos van yendo bien, haciendo caso a la estrategia acordada, y el ritmo lo voy manteniendo. Cruzo el mediomaratón en 1:45 bajo. No está nada mal. Seguimos sumando kms…

Encarando el centro de la ciudad, pasando por el Ayuntamiento, de repente, y a pesar de llevar los cascos, oigo mi nombre. Me giro y les veo. Mi primo Pablo (el de las 15k nocturna), su mujer Lucía y Álvaro, un amigo. Animando, gritando. Mi primo, móvil en mano, echa a correr en paralelo mientras graba. 25 metros geniales. ¡¡Graaacias Pablito!! Qué ilusión verte allí 😉

Directos al 30, paso a escasos 100metros de la residencia de mi abuela. “Va por ti yaya”. Por ella y por todos los demás.

Hasta aquí ha sido todo genial, ¿verdad? Iba disfrutando, me reía, mantenía el ritmo… Hasta que de pronto: no, el muro no. No lo vi, no lo construí en mi mente. Simplemente, calambrazos en los cuádriceps. Y vaya calambrazos.

Desde el 34, sufriendo. Arrastrándome por momentos, el mp3 dijo “te quedas sola”. Justo en el peor tramo. Eran los kms del recorrido que más temía, por varias razones: largas rectas y algo alejadas del centro (con lo que esperaba poca animación). Justo aquí, el desastre. Me paro un segundo a estirar los cuádriceps, y se me suben los gemelos. “Ayyys que no acabo”.

¡JA! ¿Que no acabo? ¿Que yo no acabo? Eso tendrá que verse.

Ahorro el descalabro de los últimos 8kms. Dolor, correr, caminar. El ritmo baja. No baja, se desploma. Sin embargo, poco antes del 38 veo una espalda conocida. ¡¡¡Es Juan!!! Lo llevo buscando desde las 8:50am, y me lo encuentro delante delante de la ONCE, en la horquilla del túnel de Germanías, roto. Se ha roto también.

Le grito. Se gira, me ve y le digo “los dos juntos”. A partir de aquí, quedan 4 kms de gritarle, animarle “que no te paras, Juan, como te vea andar, luego te enteras”. El resto de corredores me miraba cual loca. Sí, salió el modo agresivo… Lo siento Juanito, sabes que no iba a malas.

Calle Colón y me muero de sed. Me falta agua. He fulminado mis reservas de agua y no tengo más avituallamientos hasta casi la meta. Voy pidiendo agua entre el público, corredores… Me prestan unos sorbitos que me dan vida. Sigo medio andando-arrastrándome, medio corriendo. “Tengo que llegar. No he llegado hasta aquí hoy para irme en el 40”.

Poco antes de la bajada a la Ciudad de las Artes, oigo la voz de Joxe a lo lejos. Bien… una cara “conocida”. Paso a su lado, le choco la mano y le susuro “no llego”.

Ya está ahí. Veo casi, casi el final. Bajo la rampa, mucha gente animando, ambiente festivo, música, gente gritando… De repente, los veo. Rubén, Elena y Joana. A la derecha. “No queda ya nada” me dicen. Sigo, lo tengo casi. No oigo nada, mucho ruido, pero algo me hace girarme a la izquierda. Y ahí está Nacho “vamos, que tú puedes”. Graacias.

Último empujón, 250 metros. Curva a la derecha (que hago medio caminando) y… alfombra azul. Me vengo arriba.

Corro, siento las tablas bajo mis pies, sprinto… y llego. HE ACABADO MI PRIMER MARATÓN, y ME LO HE PASADO EN GRANDE.

No sé si reir, llorar, gritar… Pero algo en mi cabeza se queda grabado “yo quiero repetir esto”. En meta, Pablo y Álvaro. Abrazo de “merinillos” y un reto “un día, juntos”.

Tras varias semanas, aún no me lo creo… ¡¡Soy maratoniana!! ¡¡Y quiero repetir!! Porque sí, disfruté, sufrí, me reí, lloré… Me lo habían advertido: o no quieres nunca más, o te encanta y repites. Soy de la segunda opción.

Toca agradecer a tanta gente este logro. Porque yo he corrido el maratón, pero todos ellos han estado ahí, de una forma u otra, ayudando, animando, cuidando…

Familia, sis, mamá, papá, Pablito…

Sanus Team, en especial Pedro y Rubén y, como no, mis #SanusGirls

Nacho, por creer en mi capacidad y animarme en la locura

Mis chicas de Fisio2, por su puesta a punto

Juanito y el resto de instagrammeros

A los que me leéis aquí. Pepe, Patricia, Ximo, Ángel…

Y tantos, tantos otros..

A la gente que se volcó con la ciudad, a la organización, los voluntarios, los runneros des-conocidos de los entrenes mañaneros…

GRACIAS A TODOS.

Os dejo una galería con las fotos del finde (mención especial a los fotógrafos Fede Gómez, con su galería para @Runnerforyou, a Hastphoto, a Fotos Eventos Valencia, a Marathon Photo y otros que no recuerdo, graaacias)

 

#LiveSanus

El pase de diapositivas requiere JavaScript.